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Crisis de bienestar en la economía digital. Salud mental en un mundo laboral digitalizado

La covid-19 ha evidenciado otro tipo de pandemia que llevaba años gestándose y que afecta a la salud mental de las personas. Una crisis sanitaria sin precedentes, directamente ligada a la precarización del mercado de trabajo, la inestabilidad laboral y digitalización de la economía.

Contamos ya con datos a este respecto: según EUROFOUND, el 20% de los puestos de trabajo en Europa eran de «mala calidad» en 2017 y ponían en riesgo la salud física o mental de los trabajadores; la OCDE por su parte, alude a la incertidumbre financiera y la inseguridad laboral, como factores de riesgo asociados a una mala salud mental, y apunta que la inversión en empleos de calidad y con contratos duraderos, son fundamentales para garantizar una buena salud mental.

La reciente inflación a escala internacional y creciente aumento de los costes, ha supuesto además una reducción del nivel adquisitivo poblacional, lo que acrecienta la necesidad de invertir en un acceso al empleo digno, para prevenir la proliferación de riesgos psicosociales que dan origen, asimismo, a enfermedades mentales.

Para avivar aún más esta tormenta, se añade un ingrediente clave muy popular: la masiva digitalización de todo nuestro entorno vital y, en concreto, del entorno laboral. Las nuevas tecnologías, automatización y sistemas de inteligencia artificial, están transformando la naturaleza y organización del trabajo conocido hasta la fecha, con claras repercusiones en la salud mental de las trabajadoras y trabajadores.

Aumento del control y vigilancia masiva mediante mecanismos digitales, falta de claridad y transparencia en las relaciones profesionales, aislamiento, hiperconexión, incremento de las horas trabajadas o violación de los derechos de privacidad. Estos son algunos factores fruto de la digitalización, que incrementan los riesgos psicosociales en el contexto laboral, y repercuten negativamente en la salud mental. El teletrabajo, como ejemplo de práctica nacida de lo digital, ofrece una mayor flexibilidad a cambio de sacrificar una necesaria separación entre la vida privada y profesional, y un derecho a la desconexión.

Para evitar los casos de abuso y nuevas oleadas de trabajadores enfermos por trastornos tan ampliamente conocidos como la ansiedad, la depresión, o el «burnout», debemos asegurar que lo digital sea sinónimo de optimización y progreso, no de precarización. Para ello y con el fin de asegurar una debida protección del trabajador, se hace necesario legislar y cubrir el vacío legal existente.

Impulso europeo: Legislar para cerrar brechas

Vienen amigos a cenar. Realizo un pedido a través de mi teléfono móvil. El repartidor llega en bicicleta. Recojo el pedido y pongo nota por los servicios prestados.

Estamos ante un ejemplo del trabajo llamado «trabajo de plataforma». El trabajador, probablemente declarado como falso autónomo, no dispone de protección ni derecho a futuras prestaciones sociales. Su trabajo está dirigido por un algoritmo, que establece sus condiciones laborales a través de una plataforma digital.

La economía de plataformas digitales es un nuevo modelo de negocio en expansión, que ejemplifica la necesidad de regular los sistemas de inteligencia artificial en el lugar de trabajo. El empleador debe asumir la responsabilidad que le corresponde por tener trabajadores que realizan una labor asalariada a su cargo, lo que incluye asegurar unos estándares decentes de salud y seguridad en el ámbito laboral. En cuanto al algoritmo digital, estos deben ser utilizados de forma ética y transparente, además de contar con una supervisión humana para evitar que un sistema de inteligencia artificial tome decisiones arbitrarias o discriminatorias en tareas tan fundamentales como la contratación, el despido o la distribución de tareas. La propuesta de directiva europea para regular el trabajo en plataformas digitales, actualmente en fase de negociación, pretende esclarecer esta área gris del mercado.

De cualquier manera, los algoritmos digitales u otros sistemas de Inteligencia Artificial nacidos de la digitalización, están presentes en prácticamente cualquier sector del ámbito laboral a día de hoy. Se trata de nuevas herramientas, que pueden resultar invasivas y de riesgo, de no establecerse medidas y un correcto uso de las mismas.

No cabe duda de que el desamparo, el control, la vigilancia y presión ejercida sobre el trabajador bajo estas circunstancias, afecta profundamente a su salud mental, por lo que deben proporcionarse mecanismos legales que establezcan unos requisitos básicos de prevención y protección. El estrés laboral ha sido siempre un problema tanto para trabajadores como empresarios. Según Eurofound y la Agencia de información de la Unión Europea para la seguridad y la salud en el trabajo (EU-OSHA), el 51% de los trabajadores en Europa señalan que el estrés es algo común en su lugar de trabajo, y casi el 80 % de los empresarios están preocupados por el estrés relacionado con el trabajo; lo que demuestra que los riesgos psicosociales preocupan a ambos.

Desde Europa, se han ido adoptando medidas al respecto, aunque no de carácter obligatorio. El nuevo marco estratégico de salud y seguridad 2021-2027, hace mención a la problemática, pero no establece medidas de carácter vinculante para solventarla.

Queda un largo camino por recorrer, pero ya hemos empezado a pedalear. Por primera vez, el Parlamento Europeo adoptaba el pasado mes de Julio en Estrasburgo, un texto que incluye numerosos llamamientos a la Comisión Europea, para el lanzamiento de nuevas directivas que protejan la salud mental de los trabajadores en un mundo laboral digital.

Tras arduas negociaciones, el grupo socialista conseguimos incluir hitos y prioridades importantes, para la defensa de las trabadoras y trabajadores. Entre ellos y como novedad, la llamada a una directiva que regule el uso de la inteligencia artificial específica para los lugares de trabajo. También, peticiones para la creación de una directiva que facilite la prevención de los riesgos psicosociales en el lugar de trabajo, legislación que regule el teletrabajo y garantice las mismas condiciones laborales para los trabajadores en remoto o in-situ, una directiva sobre el derecho a la desconexión, y una directiva para que desórdenes mentales originados por razones laborales como la ansiedad, depresión, estrés post-traumático o burnout, sean reconocidos como enfermedades ocupacionales, lo que daría lugar a una adecuada compensación y reconocimiento de las personas afectadas, además de facilitar su reintegración en el mercado laboral y frenar la estigmatización.

Cabe mencionar que un gran porcentaje de personas que sufren o han padecido de algún tipo de enfermedad mental de origen ocupacional, tienen dificultades para volver a acceder al mercado de trabajo, lo que acaba traduciéndose en un alto coste para los sistemas de seguridad social, un incremento de las tasas de desempleo de larga duración, y aumento del riesgo de exclusión social y de pobreza a medio-largo.

Salud mental en tiempos modernos

La salud mental ha sido siempre abordada desde un segundo plano. Sin embargo, los desórdenes mentales vinculados al trabajo han ido en aumento, convirtiéndose en una nueva forma de pandemia global, invisible, que afecta no solo a la salud mental de los trabajadores, sino a la sociedad y a los sistemas de bienestar en su conjunto. Del coste estimado de más del 4% del PIB gastado en trastornos mentales en toda la UE, el 1,6% (240.000 millones de euros) se debe a costes indirectos del mercado laboral, como el absentismo y el presentismo (trabajar estando enfermo). Los datos señalan que más de la mitad de todos los días de trabajo perdidos en la UE se deben al estrés relacionado con el trabajo.

Una economía digital y de progreso no puede construirse sobre cimientos de explotación laboral, condiciones de trabajo precarias y trabajadores desprotegidos y enfermos. Europa precisa de actuación para avanzar hacia una transición sostenible, regida por el bienestar y la justicia social.

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